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A fondo 3 min de lectura

¿Cómo regenera el ajolote sus patas (y hasta su cerebro)?

Pierde una pata y le crece otra. Pierde parte del cerebro y también la regenera. El ajolote es el campeón de la regeneración, y los científicos están deseando descubrir su secreto.

Ajolote con branquias plumosas de color rosa rojizo y piel gris parda moteada, descansando sobre el fondo fangoso entre plantas sumergidas.
En la foto: Ajolote (axolotl) →

Si a una persona le cortan un dedo, le queda una cicatriz. Si a un ajolote le cortan una pata, le sale una pata nueva, con huesos, músculos, nervios y deditos incluidos, en cuestión de semanas. Sin cicatriz, sin cojera, sin dramas. Esta salamandra mexicana es la campeona indiscutible de la regeneración, y puede hacer mucho más que regenerar patas.

¿Qué puede regenerar un ajolote?

Casi todo. Los ajolotes pueden reconstruir las patas, la cola y la médula espinal que hay dentro. Pueden reparar partes dañadas del corazón, los ojos y la mandíbula. Incluso pueden reponer partes perdidas del cerebro. Y no lo hacen una sola vez: un ajolote puede regenerar la misma pata una y otra vez.

Una persona se cura con una cicatriz. Un ajolote se cura con una parte del cuerpo nueva.

Paso 1: cerrar la herida

A las pocas horas de perder una extremidad, las células de la piel se extienden sobre el muñón y lo cierran. En los humanos, aquí es donde se formaría el tejido cicatricial y se acabaría la historia. En los ajolotes, esta fina capa de piel se convierte en un centro de control que envía señales a las células de debajo: “Estamos construyendo”.

Paso 2: formar un blastema

Bajo la piel nueva aparece un pequeño bulto. Se llama blastema, y es el ingrediente mágico. Las células del muñón, como las del músculo y el tejido conectivo, se reúnen allí y “rebobinan” en parte hacia un estado más joven y flexible. Imagínalo como un montón de piezas de construcción esperando instrucciones.

Paso 3: recordar los planos

Aquí viene lo ingenioso. Las células del blastema recuerdan de dónde vienen. Si la pata se cortó por el codo, reconstruyen un antebrazo y una mano, no un hombro entero nuevo. Paso a paso, el bulto crece, se alarga y toma la forma de huesos, articulaciones y dedos. En unas semanas o unos pocos meses, según la edad y el tamaño del ajolote, la nueva extremidad funciona por completo.

Raro pero ciertoCuando los científicos eliminaron unas células inmunitarias llamadas macrófagos, los ajolotes dejaron de regenerarse y formaron cicatrices. Resulta que el sistema inmunitario es parte del secreto.

¿Por qué nosotros no podemos?

Compartimos muchos de los mismos genes, así que ¿por qué los humanos nos quedamos con cicatrices? Una razón es que nuestro cuerpo prioriza la rapidez. Cerrar una herida deprisa con tejido cicatricial nos protege de las infecciones, pero también bloquea la regeneración. Los ajolotes toman el camino lento y reconstruyen bien.

Los ajolotes tienen además un genoma gigantesco, unas diez veces más grande que el nuestro. Cuando los científicos por fin lo descifraron en 2018, consiguieron una enorme caja de herramientas para encontrar los genes que activan la regeneración. El sueño es ayudar algún día a los humanos a curar lesiones de médula espinal, corazones dañados o extremidades perdidas.

El factor Peter Pan

Los ajolotes son famosos por no crecer nunca del todo. Conservan sus branquias plumosas y viven en el agua toda la vida, como un renacuajo gigante. Este estilo de vida “eternamente joven” parece ayudar. Los ajolotes a los que se obliga a transformarse en salamandras adultas terrestres pierden gran parte de su poder de regeneración. Por lo visto, seguir siendo un niño tiene sus ventajas.

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